miércoles, 18 de noviembre de 2020

Premio Cervantes 2020

 

“Francisco Brines es uno de los maestros de la poesía española actual y su magisterio es reconocido por todas las generaciones que le suceden”, destaca el jurado. Mònica Torres 


El poeta Francisco Brines ha sido galardonado con el Premio Miguel de Cervantes 2020. El jurado se lo ha otorgado por “su obra poética que va de lo carnal y lo puramente humano a lo metafísico, lo espiritual, hacia una aspiración de belleza e inmortalidad. Es el poeta intimista de la generación del 50 que más ha ahondado en la experiencia del ser humano individual frente a la memoria, el paso del tiempo y la exaltación vital”.

Brines pertenece a la llamada generación del 50, de la que formaron parte, entre otros, Claudio Rodríguez, Ángel González, José Agustín Goytisolo, Jaime Gil de Biedma y José Ángel Valente. Su obra poética ha sido reconocida con numerosos galardones, entre ellos el Premio Adonais (1959) con su primer libro Las brasas, el Premio Nacional de las Letras Españolas (1999), el Premio de Poesía Federico García Lorca (2007) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2010).

Licenciado en Derecho, Filosofía y Letras Románicas e Historia, compaginó su producción poética con su actividad como profesor universitario. Brines fue lector de literatura española en la Universidad de Cambridge y profesor de español en la Universidad de Oxford. en abril de 2001 fue nombrado miembro de la Real Academia Española. Entre su producción cabe destacar El otoño de las rosas (1986). La última costa (1996), fue elegido libro del año, recibiendo el Premio Fastenrath.

 

Tres poetas de la generación de los 50: Ángel González pronuncia unas palabras en presencia de José Manuel Caballero Bonald (i) y Francisco Brines (d), junto a una escultura de Antonio Machado, durante el homenaje al poeta sevillano celebrado en la Biblioteca Nacional, en Madrid el 19 de mayo de 2007. EFE


 

Alocución pagana

¿Es que, acaso, estimáis que por creer
en la inmortalidad,
os tendrá que ser dada?
Es obra de la fe, del egoísmo
o la desolación.
Y si existe, no importa no haber creído en ella:
respuestas ignorantes son todas las humanas
si a la muerte interroga.

Seguid con vuestros ritos fastuosos, ofrendas a los dioses,
o grandes monumentos funerarios,
las cálidas plegarias, vuestra esperanza ciega.
O aceptad el vacío que vendrá,
en donde ni siquiera soplará un viento estéril.
Lo que habrá de venir será de todos,
pues no hay merecimiento en el nacer
y nada justifica nuestra muerte.

 

Donde muere la muerte

Donde muere la muerte,
porque en la vida tiene tan sólo su existencia.
En ese punto oscuro de la nada
que nace en el cerebro,
cuando se acaba el aire que acariciaba el labio,
ahora que la ceniza, como un cielo llagado,
penetra en las costillas con silencio y dolor,
y un pañuelo mojado por las lágrimas se agita
hacia lo negro.
Beso tu carne aún tibia.
Fuera del hospital, como si fuera yo, recogido
en tus brazos,
un niño de pañales mira caer la luz,
sonríe, grita, y ya le hechiza el mundo,
que habrá de abandonarle.
Madre, devuélveme mi beso.




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