jueves, 24 de junio de 2010

Memoria de los moriscos

Fragmento de "Moriscos granadinos",  de Joris Hoefnagel (h. 1563)



En 1609, Felipe III firmó el decreto de expulsión de España de los moriscos. Entre ese año y 1614 salieron cerca de 300.000, todos descendientes de la antigua población musulmana de la península ibérica que se habían convertido al cristianismo pero conservaban parte de sus antiguas costumbres.






La decisión, además de despoblar regiones enteras, causó un empobrecimiento económico y cultural en el país. Un grupo de ellos, sobre todo los que vivían en el valle aragonés del Jalón, que habían desarrollado una activa transmisión de su patrimonio cultural y literario en una escritura híbrida entre el idioma español y los signos gráficos árabes, lo que se conoce como textos aljamiado-moriscos, cuando se vieron forzados a abandonar sus casas, ocultaron muchos de esos manuscritos en los muros de las viviendas. Y lo hicieron con mimo, en el adobe, preparando huecos especiales, añadiendo piedras de sal o saquitos de espliego para preservarlos de la humedad, envolviéndolos cuidadosamente en paños de lino. Poco más de doscientos han sobrevivido.






«El pasado islámico forma parte también de nuestra identidad. Lo más importante es que, en la exposición, podremos ver lo islámico y lo español entremezclados. Es la primera vez que se da a conocer la lengua española escrita en caracteres árabes. Parece claro que, salvo aquellos de origen inquisitorial, la mayoría de los manuscritos aljamiados procedían de ocultaciones previas a la expulsión, sacadas a la luz en hallazgos casuales, sobremanera en Aragón, con motivo de obras en antiguas viviendas», dice el pofesor Juan Carlos Villaverde, asesor científico de la muestra.






La Biblioteca Nacional de España acoge la exposición Memoria de los moriscos. Escritos y relatos de una diáspora cultural, que reúne por primera vez los más importantes manuscritos aljamiados que se conservan.







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