miércoles, 16 de mayo de 2018

Diez años del devastador terremoto de Sichuán



La ciudad de Beichuán se conserva tal como quedó tras el terremoto sufrido el 12 de mayo de 2008, como recuerdo a las personas que perdieron la vida. Para mantenerla, la ciudad gasta cada año 3,2 millones de dólares. Johannes Eisele


El 12 de mayo de 2008 un terremoto de 8 grados de magnitud golpeó la provincia china de Sichuán. No fue el mayor de la historia, pero el impacto no sólo se hizo sentir por el alto número de víctimas y pérdidas económicas, sino también por la gran cantidad de personas que dejó afectadas. Fue el más mortífero que azotó a China desde el de Tangshan en 1976, que causó la muerte de al menos 240.000 personas entre el millón de habitantes de la ciudad. El área de la ciudad de Beichuán bajo la cual se ubicó el epicentro fue destruida casi por completo y las sacudidas llegaron a sentirse en Pekín, Shangái, a 1.500 km, y en los países cercanos.



La destruida Escuela Intermedia Xuankou, en Yingxiu, hoy convertida en un memorial del seísmo. En la imagen, ceremonia con un minuto de silencio para recordarlo el 12 de mayo de 2018. Esta ciudad fue reconstruida una década después; ahora el turismo es una fuente de ingresos para sus habitantes. AFP 



Una estatua en el patio de una escuela de Beichuán, 4 de abril de 2018, Jason Lee
Un aula del centro de enseñanza vocacional de Beichuán, 6 de abril de 2018. Jason Lee



Sichuan tiene una superficie de 485.000 kilómetros cuadrados y es la tercera región más poblada de China, con más de 80 millones de habitantes. El terremoto tuvo un gran impacto en la opinión pública china, no solo por el gran número de muertes sino también porque muchos de ellos eran niños. Ocurrió a las 2:28 p. m., hora local, mientras niños y jóvenes estaban en los colegios y universidades, y los empleados en sus trabajos. Según cifras oficiales, al menos cinco mil estudiantes murieron como resultado del terremoto por el colapso de los edificios en los que estaban ubicados. 



Condado de Beichuán, 5 de abril de 2018. Jason Lee
Condado de Beichuán, 5 de abril de 2018. Jason Lee



Condado de Beichuán, 29 de mazo de 2018. Wang He



Condado de Beichuán, 28 de marzo de 2018. Wang He
Condado de Beichuán, 28 de mazo de 2018. Wang He


El terremoto ocurrió tres meses antes de las Olimpiadas de Pekín. Probablemente por esta razón el gobierno chino aceptó la ayuda de organizaciones internacionales para los afectados. Más tarde, sin embargo, cuando se hablaba de los problemas estructurales de los edificios colapsados ​​y el número de niños y adolescentes muertos, el gobierno chino tuvo una reacción contraria. Muchos activistas que habían intentado ayudar a las familias de los muertos a denunciar a los responsables de la mala calidad de los edificios fueron arrestados y las protestas fueron reprimidas.  



Beichuán, 24 de abril de 2018. Johannes Eisele 

Beichuán, 24 de abril de 2018. Johannes Eisele 



Beichuán, 24 de abril de 2018. Johannes Eisele


 
Beichuán, 24 de abril de 2018. Johannes Eisele 

Beichuán, 24 de abril de 2018. Johannes Eisele 



La versión oficial achacó la magnitud del terremoto como la principal causa de los daños en los edificios. No hubo juicio alguno para determinar responsabilidades ni investigación sobre la calidad y bajo coste de los materiales de construcción. Después del terremoto las reglas de construcción fueron revisadas y endurecidas. Diez años más tarde, en el condado de Beichuán, la mayoría de los supervivientes han sido reubicados en nuevas viviendas, que se construyeron a unos 30 kilómetros de las ruinas que aún permanecen en su lugar y que la naturaleza reclama lentamente. Las autoridades locales desean por ahora mantenerlo así.



Beichuán, 6 de abril de 2018. Jason Lee
Beichuán, 24 de abril de 2018. Johannes Eisele 





Ariba, 27 de mayo de 2008. Liu Jin. Abajo, 24 de abril de 2018. Johannes Eisele



La nueva ciudad, a 30 kilómetros de la vieja. Johannes Eisele







viernes, 11 de mayo de 2018

Meitang y Raoping, un siglo de vida en China






La historia de Pingru y Meitang, de Rao Pingru (Nanchang, 1922), es una exquisita memoria gráfica, una historia de amor que se desarrolla dentro de las prisas de una nación que cambia rápidamente. Una hermosa carta de amor que transita por los intersticios de la formidable historia china del siglo XX.



Con el tiempo, esos encuentros se convirtieron en recuerdos preciosos para ambos, pero en aquella época los dos vivíamos con la dulce despreocupación propia de la edad de la inocencia y carecían de significado para nosotros.




Meitang, de 8 años en ese momento, visitó a su familia con sus padres. 
Pingru le mostró su nuevo juguete que a Meitang pareció gustarle mucho.






Después de graduarse en la academia militar en 1946, Pingru, de 26 años, fue a casa de Meitang con su padre, ya que se esperaba que ambos se comprometieran. Allí vio a una joven de unos 20 años pintándose los labios junto a la ventana, lo que marcó su primera impresión de Meitang.



Desde niño, Rao Pingru tenía talento para la pintura. Nunca asistió a clases, pero le gustaba dibujar figuras e ideogramas en un mundo sujeto al imperio de los signos: la escritura, la caligrafía y la ilustración con tinta y acuarela. Cuando el 19 de marzo de 2008, tras sesenta años de vida en común, su esposa fallece a causa de una enfermedad, la única forma que encuentra Pingru de apaciguar el dolor lacerante es dejar a sus nietos constancia de sus recuerdos por escrito y en forma de dibujos. Cuatro años después, esa veintena de cuadernos dieron cuerpo a este libro extraordinario.



Cuando Pingru y Meitang estaban saliendo, le cantó en inglés Oh, Rose marry I Love You, ya que era demasiado tímido para decirle directamente "te quiero".



En 1948, Pingru y Meitang se casaron en la provincia de Jiangxi, este de China.



"Mi primera pelea con Meitang".



Meitang pellizcó el muslo de Pingru porque no entendía 
lo doloroso que era dar a luz a un bebé.



Se llamaba Meitang y fue para él como un ancla en un mundo embravecido. Se conocieron muy jóvenes, el amor floreció lentamente y estaban destinados a formar una pareja normal, como tantas otras. Sin embargo, el turbulento siglo XX les reservaba un camino lleno de escollos. Primero, defender a su país ante la invasión japonesa; luego, tras la boda, luchar contra los comunistas insurrectos liderados por Mao Zedong; y más tarde, tras la derrota y el ingreso en un campo de ‘reeducación’, tan solo se veían dos semanas al año, cuando él volvía a Shanghái para celebrar con su mujer y sus hijos el Año Nuevo. En 1979, meses antes de que naciera su primer nieto, regresó a casa para quedarse. La familia lo festejó en el estudio de un fotógrafo. Un dibujo del libro recrea ese momento. Los dos ya tenían el pelo cano.



Antes de vender su último par de pulseras de oro, Meitang las puso 
en las muñecas de su hija mientras la niña dormía.






En una mañana de verano, Meitang y Pingru pelaron edamame juntos. 
Regresaron a Shanghái y vivieron una vida sencilla y feliz.



A pesar del dramatismo de la historia, Rao Pingru se resiste a caer en la amargura y a dejarse arrastrar por el rencor. De alguna forma, ha logrado preservar la mirada inocente, abierta y limpia del niño que nos encontramos al inicio de estas páginas, y que, al final de la lectura, nos transmite con diáfana honestidad su inmenso amor por la vida. En ese momento, Rao Pingru tenía 87 años. Durante cuatro años, pintó más de 300 dibujos y 18 álbumes de fotos. Cuando recrea momentos románticos y felices, pinta cuidadosa y meticulosamente. Cuando son recuerdos tristes y dolorosos, pinta rápidamente.



“¿Dónde está mi chi-pao negro con flores rojas?”. Meitang estaba muy enferma. Ella de repente pidió un chi-pao que nunca antes había tenido. Mientras Pingru estaba pensando en hacerle uno nuevo, se olvidó por completo.



Pingru, de 87 años en ese momento, pedaleó durante 40 minutos para conseguir 
algunos dulces para Meitang que ella pidió. Pero ya no se los comió.






"La última lágrima". En la mañana del 19 de marzo de 2008, Pingru vio 
una lágrima corriendo por la cara de Meitang. Ella falleció por la tarde.




Rao Pingru a sus 96 años. 
Yolanda vom Hagen
Pingru muestra sus pinceles en su casa de Shanghái, donde vive con uno de sus hijos. Yolanda vom Hagen









martes, 8 de mayo de 2018

El Sol se transformará en una nebulosa planetaria masiva cuando muera







Las nebulosas planetarias marcan el final de la vida activa del 90% de todas las estrellas. En unos 5 mil millones de años el sol se convertirá en un enorme anillo resplandeciente de gas y polvo interestelar, transformándose en una nebulosa planetaria. Los astrónomos saben desde hace mucho tiempo que el sol morirá cuando se quede sin combustible, pero la naturaleza precisa de su agonía ha estado lejos de ser clara.







En la revista Nature Astronomy explican de manera simple este misterio a través de las nuevas huellas evolutivas de estrellas con poca masa. Después de formar un gigante rojo, el sol perderá aproximadamente la mitad de su masa a medida que las capas exteriores se desprendan a unos 20 km por segundo. El núcleo se calentará rápidamente, haciendo que irradie luz ultravioleta y rayos X hacia las capas externas y las convierta en un anillo de plasma que brille intensamente. La nebulosa planetaria brillará durante unos 10.000 años y, aunque débil, será visible desde las galaxias vecinas.







El sol es de tamaño medio y ya está a a mitad de su vida. El final vendrá cuando el núcleo se quede sin hidrógeno, causando el colapso de su núcleo, convirtiéndose en una estrella gigante roja en los últimos momentos de su vida, expandiéndose más allá de la órbita de Venus. Si bien la Tierra puede sobrevivir, la vida en el planeta se habrá extinguido mucho antes. A medida que el sol envejece, se volverá cada vez más brillante y en los próximos dos mil millones de años podría calentarse lo suficiente como para hervir los océanos. 








Los Pilares de la Creación




Fuente: The Guardian






domingo, 29 de abril de 2018

Encuentran en Perú el mayor sacrificio ritual de niños de la historia



Aunque se han registrado sacrificios humanos entre los aztecas, los mayas y los incas, el descubrimiento de un evento de sacrificios de niños a gran escala en la poco conocida civilización precolombina chimú es un hallazgo sin precedentes no solo en América, sino en todo el mundo. Un niño (i) y una cría de llama (d). 


Durante el siglo XV, entre el 1400 y el 1450, tuvo lugar el mayor sacrificio masivo de niños de América y probablemente de la historia mundial, en el que murieron 140 niños, que tenían entre 5 y 14 años, en un único ritual junto a 200 llamas jóvenes, según la revista National Geographic, que publicó la noticia en exclusiva. El descubrimiento fue llevado a cabo por el arqueólogo Gabriel Prieto en el año 2011 durante una excavación de emergencia mientras estaba excavando un templo de 3.500 años de antigüedad, cuando los habitantes de Huanchaquito-Las Llamas, norte de Perú, le alertaron de que habían aparecido restos humanos en las cercanas dunas costeras. Las excavaciones finalizaron en 2016.




Los restos esqueléticos de los niños y los animales muestran evidencias de cortes en el esternón y las costillas dislocadas, signos que sugieren que les extrajeron el corazón. Durante la ceremonia, a muchos de los niños se les embadurnó el rostro con un pigmento rojo a base de cinabrio antes de que se les abriera el pecho.




Los sacrificios humanos fueron una práctica común en civilizaciones de todo el mundo a lo largo de distintas épocas y la cultura chimú no fue una excepción. Si bien aún persiste el misterio de por qué cometieron este sangriento sacrificio masivo. Sin embargo, los investigadores creen que este sacrificio masivo está vinculado a un fenómeno climático que aún azota a la zona: El Niño. La hipótesis (basada en la presencia de muchas capas de lodo en el área de excavación) afirma que las fuertes lluvias destruyeron los canales de riego, inundaron los cultivos y causaron problemas de subsistencia. A medida que los problemas empeoraban, se decidió que los sacrificios de adultos ya no eran suficientes.




Lugar de la excavación donde el ritual tuvo lugar hace más de 500 años.




El lugar de los sacrificios, conocido como Huanchaquito-Las Llamas, se encuentra ubicado en un acantilado bajo, a poco más de 300 metros sobre el nivel del mar, en un complejo de viviendas residenciales, en el distrito de Huanchaco, al norte de Perú. A menos de un kilómetro al este del lugar, se encuentra el sitio declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO, Chan Chan, el antiguo centro administrativo chimú.




En su apogeo, el Imperio Chimú controlaba un territorio de aproximadamente mil kilómetros de largo que se extendía por la costa del Pacífico y los valles interiores desde la frontera moderna entre Perú y Ecuador hasta Lima. Esta civilización creó el sistema político más grande e importante de Perú entre la primera mitad del siglo XV, siendo solo superada por los incas, que conquistaron a los chimú sobre el año 1475.



Fuente y fotos: National Geographic