jueves, 30 de septiembre de 2010

El nacimiento del girasol





Cuenta la leyenda que la bella ninfa Clitia se enamoró de Apolo, dios de la luz y el sol. Lo observaba todos los días, desde que salía de su palacio al alba hasta su llegada por el oeste al atardecer. Tal era su amor por Apolo que se olvidó de comer y beber hasta que su cuerpo empezó a echar raíces y se convirtió en un girasol. Una flor que, aún hoy, no olvida el objeto de su amor y sigue con su diadema dorada el recorrido del Sol.

Un fósil intacto de una flor aplastada sobre una roca de hace unos 47,5 millones de años perfectamente conservada fue descubierta en la Patagonia argentina, según recoge la revista Science. Parece ser que por sus características pertenece a la familia de las asteráceas, una gran familia botánica que colonizó todo el planeta y de una gran diversidad, entre las que encontramos, además de los girasoles,  crisantemos, margaritas, dalias, cardos o alcachofas. Este descubrimiento ha dado pie a la hipótesis de que esta familia tiene su origen en los territorios de lo que ahora es América del  Sur.










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