viernes, 20 de mayo de 2011

El joven Ribera

El juicio de Salomón



 San Sebastián asistido por las santas mujeres



Con el título El joven Ribera el Museo de Prado ofrece hasta el 31 de julio una exposición que recorre los primeros años de José deRibera, el Spagnoleto, en Italia entre 1610 y 1662. Su obra demuestra una magnífica maestría en diferentes y diversas técnicas, la humanización de temas religiosos y la búsqueda de diálogo directo entre el espectador y el lienzo.



 San Bartoolmé



 Santo Tomás



Javier Portús, comisario de la muestra junto a José Milicua y autor de un monográfico sobre su pintura, explica que el pintor  “a lo largo de su carrera fue receptivo a otras influencias pictóricas, el estilo de Caravaggio, que reivindicaba la realidad como materia principal de la pintura y que trajo consigo determinadas estrategias de representación (como el tenebrismo) fue el punto de referencia fundamental del arte de Ribera, a quien se cuenta entre los principales caravaggistas. Esa influencia se tradujo no sólo en su escritura pictórica sino también en el contenido de sus cuadros.



 El sentido del gusto

 

 San Jerónimo



“A grandes rasgos, se pueden describir tres etapas principales en su carrera: el momento romano (hasta 1616), en que cultiva un estilo próximo a los caravaggistas activos en Roma en ese momento, que emplea en representaciones de figuras aisladas y en cuadros de composición resueltos en la tradición caravaggistas. Un segundo momento que abarca desde su establecimiento en Nápoles en 1616 hasta mediada la década de los treinta, en el que reelabora el lenguaje caravaggista en la dirección de una mayor implicación afectiva del espectador; y una última etapa en la que muchas de sus escenas se sitúan al aire libre, la luz invade las composiciones y la gama cromática que se hace mucho más rica y variada.



 La resurrección de Lázaro



 Susana y los viejos



“Aportó unos tipos humanos y una técnica descriptiva de la piel y la anatomía muy eficaces para convertir la historia sagrada en algo creíble, porque se encarnaba en tipos y formas verídicos, que formaban parte de la experiencia cotidiana. También aportó un sentido muy poderoso de la composición.



 El martirio de san Lorenzo



Demócrito



“Fue tenebrista durante una larga etapa de su carrera, pero desde mediados de la década de los treinta se hizo cada vez más sensible a una luz que invade la superficie pictórica, difumina las sombras y da lugar a una gama cromática muy amplia, y en ocasiones extraordinariamente sensual. Fue un cambio en parte propiciado por el conocimiento de la pintura de otros colegas, como Guido Reni.



 San Pedro y san Pablo



 La coronación de espinas



“Durante sus primeros años napolitanos utilizó con frecuencia el cuerpo mártir de Cristo o de un santo para construir obras llenas de emotividad, que buscaban despertar un vivo sentimiento devocional; y en las últimas décadas utilizó con creciente frecuencia los valores expresivos y connotativos del color y de la propia materia pictórica para crear una interacción emocional entre la obra y el espectador”.



 Magdalena penitente



 El Calvario, detalle





Fuente: La Vanguardia



 



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